Después de comer cruzamos el puente blanco y nos detenemos en la terraza del Moby Dick a tomar unos cafecitos, acomodados bajo la protección de las sombrillas contemplamos la actividad playera. A medida que el día se despeja la gente acude a la playa a tomar el sol y socializar. Se forman grupos afines. La gente se observa. Hace calor y la humedad pega el tejido a la piel, se agradece la brisa marina. Pasamos un rato largo y bucólico, Fiona duerme tranquila y segura. Decidimos merodear la parte vieja del pueblo y visitar la iglesia, fuerte e imponente, dominadora. Cruzamos el puente antiguo y alcanzamos la Iglesia. Afortunadamente está abierta y tiene agua bendita. En señal de respeto mojo los dedos y me santiguo frente al altar mayor. No soy católico. Respeto los templos. En el coche porto un rosario que compré en el Vaticano y al cuello, invisibles, llevo una o dos cruces. Curiosamente fuí bautizado y acepté el refugio Budista. Me gustan Jesús y Buda. Son muy humanos. No son incompatibles. Vagamos por las calles estrechas y frescas para desembocar en el Beikozini donde nos tomamos unos refrigerios. Al caer la tarde regresamos al auto y escogemos un lugar estratégico para volar el drone. Un sitio fantástico, muy salvaje. Después de pasar una jornada estupenda regresamos a casa felices y contentos. Gracias a Ondarroa por su amabilidad, por el trato y los alimentos.
Nos gustan los animales y nos gusta la ecología. Estamos en el camino como Jack Kerouac o Antonio machado. Nos gustan las personas buenas.
Optica: sony alpha 7 mark II S
Andrés y Agus a su puta bola.



































