Retorno a Igeldo

Regresamos a Igeldo pacíficamente, somos viajeros tranquilos y educados. Intentamos pasarlo bien sin meternos en líos, llegamos a los lugares en son de paz, tomamos fotos, (somos fotógrafos, no somos terroristas), degustamos la oferta gastronómica sabrosa y barata en establecimientos populares, volamos el Drone y en general procuramos pasar un rato divertido. Ignoramos las hostilidades y agradecemos el trato amable y considerado. Subimos desde Ondarreta, el día es luminoso, despejado, azul cielo. Atravesamos el pueblo y paramos en la taberna Ekaitz, tienen una terraza con buena sombra en la que tomamos lugar en una mesa libre. Solicitamos unos vinitos y unas aceitunas y entablamos conversación animadamente, hablamos sobre temas variados, en la gravilla hemos encontrado mineral de hierro y ese detalle nos entretiene un buen rato, hablamos de la alquimia, del oro, de su procedencia espacial, del agua, de las pirámides, pasamos de un tema a otro despreocupadamente. Cuando nos entra el apetito nos desplazamos al centro del pueblo, Igeldo, a comer unos menús buenos y baratos en el restaurante Mendizorrotz, tomamos una mixta, dos marmitakos de bonito y unos filetes con patatas fritas, de postre melón, dulce y fresco, un placer para el paladar. Calmamos la sed con una botella de sidra. Los cafés en la terraza animada en la que conversamos con otros clientes. Estamos a 10 minutos de Donosti y parece que vivimos en otro mundo. Les recomiendo una visita. Acudan a los pueblos de la provincia, tienen mucho que ofrecer. Gracias a Igeldo por su amabilidad y cortesía. Volveremos. En paz y libertad. Andrés y Agus. A la vuelta nos detenemos en un mirador a volar el Drone.

A vista de pájaro.

Igeldo

Sobre la bahía donostiarra, un mirador incomparable. LLegamos con el Sol en el zénit, hace un día esplendido. Nos sentamos en una terraza y disfrutamos tranquilamente de la luz, de unos vinitos y unas patatitas fritas. Los pájaros acuden a saludarnos y comen con nosotros. Todo está bien. Como nos entra el apetito y después de un aperitivo moderado nos encaminamos al Asador Alaia, donde somos atendidos con amabilidad y damos cuenta de unos buenos alimentos. Ofrecemos gracias por las bondades de la vida. Se respira paz. Por fín y para concluir una velada fantástica nos tomamos un cafecito en la plaza del pueblo en el resturante Mendizorrotz.

Disfruten de la vida en paz y libertad. Vivan y dejen vivir.