Partimos de Mundaka en direción a Bermeo porque el apetito aprieta y se hace tarde. Aparcamos en el puerto y exploramos la oferta culinaria que es variada y abundante. El pueblo vibra de vida. Preguntamos en varios establecimientos pero está todo reservado, seguimos con la búsqueda al albúr del destino hasta que topamos con un lugar bien situado, yo diría que estratégico, con unas vistas excelentes a la dársena, el Restaurante Jokin, donde nos acomodamos y damos buena cuenta de unas ensaladas con frutos del mar y un bonito al estilo de Bermeo que degustamos con agrado. Ingerimos unos tragos de una sidra excelente, suave, con sabor a manzana. Unos postres caseros y después unos cafés en la terraza, donde charlamos animadamente de nuestras cosas. Acostumbramos a comer al estilo Okinawa, es decir, nunca nos llenamos, cuando llegamos al 80% paramos. Es saludable y el cuerpo lo agradece, se facilita la digestión y no te empachas. Visitamos la parte alta del lugar y contemplamos entretenidos las peculiaridades de las calles y las construcciones. Después de un paseo tranquilo descendemos por unos callejones vericuetados y laberínticos, estrechos, hasta el puerto. Nos acomodamos en una mesa de la terraza del bar Atxetak para repostar y ver a la gente pasar una tarde de domingo. Constatamos que el reloj de la iglesia funciona con puntualidad. El tiempo pasa y tenemos que volar el Drone, tomamos el coche y partimos del lugar contentos y satisfechos por la experiencia pacífica y el buen trato. Gracias. A la salida aparcamos en un mirador y despegamos el Drone para volar en un espacio precioso. Mas tarde ponemos rumbo a casa, comentamos la bondad de la excursión y damos gracias por todas las aportaciones.

























































