Esta vez paramos en Zumaya, un día luminoso de alta temperatura. Aparcamos en el astillero y tenemos que dar un rodeo por la ría para acceder al pueblo atravesando el puente de hierro. El pueblo está muy animado. Dinamismo y color. No conocemos el lugar así que exploramos una zona concurrida y nos topamos con una concentración de bares muy atractiva, atestada, tomamos sitio en una mesa disponible en la Taberna Gure Txokoa, donde saboreamos unos vinos y unas aceitunas, consumición tradicional. Curiosamente están repartiendo unos premios de pesca y la cosa está muy activa. Sacamos unas fotos. Lo pasamos bien. Damos un paseo por la zona vieja y visitamos la Iglesia, llenamos la cantimplora en una fuente de buena agua. Preguntamos por algún restaurante que ofrezca un menú barato y un señor muy amable nos acompaña hasta la Taberna Bai Bidea donde nos atienden estupendamente. Pedimos una mixta y una de tomate con bonito, txitxaro a la espalda con panaderas y escalope con patatas fritas, de postre arroz con leche. Sidra y agua. Todo muy sabroso y bien cocinado. Comida de verdad, de la zona. Decidimos tomar los cafés en el Balneario de Zestoa, pero esa será otra aventura, gracias a Zumaya por la atención y los alimentos. Un placer. Dicen que se hace camino al andar.
Atentamente, Andrés y Agus.





























































































